Leadership
Cuando las mujeres alzan la voz, los territorios también cambian
Luisa Pérez comparte cómo abrir espacios para que más mujeres y jóvenes participen, alcen su voz y sean parte de las decisiones que transforman sus territorios.
Octubre, 2026
El liderazgo no siempre empieza con la seguridad de saber qué hacer o qué decir. A veces empieza con miedo: con una voz que tiembla, pero que aun así decide hacerse escuchar. Para Luisa Fernanda Pérez, Multiplicadora de la Aceleradora de Liderazgo de Acumen y lideresa en Montería, Córdoba, atreverse a expresarse, incluso cuando no se sentía segura, fue parte de un camino que hoy la lleva a abrir espacios para que más mujeres y jóvenes participen en las decisiones que afectan sus comunidades.
En el Caribe colombiano, donde buena parte del territorio que rodea a Montería es rural, Luisa ha encontrado una razón para quedarse y trabajar desde lo local. A través de la Corporación para el Desarrollo y Fortalecimiento Social (CORDEFORS), organización que cofundó para fortalecer el liderazgo y la participación juvenil, trabaja para que las voces que nacen y transforman los territorios no solo sean escuchadas, sino que tengan un lugar en los espacios donde se toman decisiones.
En el Día Internacional de las Mujeres Rurales, conversamos con ella sobre el miedo, el poder de alzar la voz y lo que puede cambiar cuando más mujeres tienen la oportunidad de liderar desde sus territorios.
Cuéntanos un poco sobre ti.
Luisa: Soy Luisa Fernanda Pérez Arizal, hija del Sinú, de Montería, Córdoba. Soy una joven activista y llevo aproximadamente 12 años trabajando en procesos de liderazgo en la ciudad.
Tengo mi propia organización, CORDEFORS. Desde hace un par de años he venido descubriendo cuál es mi propósito de vida en este lugar.
Cuando nacemos en un territorio que, en términos de desarrollo económico, no está tan avanzado, a veces cuesta pensar que también podemos progresar allí y reconocer todo el potencial del lugar que habitamos.
Muchas personas me han preguntado: “¿Por qué sigues en Montería? Es una ciudad pequeña, tienes mucho potencial, ¿por qué no te vas a una ciudad más grande?”. Pero cuando cofundé mi propia organización entendí: esto es lo que quiero hacer.
Así como en su momento los procesos sociales transformaron y, de alguna manera, salvaron mi vida, yo también quiero servir a mi comunidad y ser una agente de cambio en mi territorio.
¿Qué hace CORDEFORS y qué busca transformar?
Luisa: CORDEFORS es una organización de la sociedad civil que busca potenciar los liderazgos y la participación juvenil, no solamente en Montería, sino también en sus zonas aledañas.
Por ejemplo, hemos venido desarrollando procesos con jóvenes desde instituciones educativas para potenciar formas de liderazgo que nacen desde las raíces, desde esos liderazgos que muchas veces existen naturalmente, pero que no siempre son percibidos o valorados.
Has estado vinculada a procesos sociales y comunitarios desde muy joven. ¿Qué te hizo entender que querías tener un papel activo en la transformación de tu territorio?
Luisa: Creo que muchas mujeres, sobre todo quienes venimos de zonas vulnerables, olvidadas o con menor acceso a oportunidades, hemos crecido con ciertas ideas que nos hacen pensar que no somos capaces o que no podemos lograr determinadas cosas.
Yo crecí pensando que las mujeres, para poder llegar a ciertos lugares, tenían que abrirse camino y luchar.
Cuando las personas me ven ahora tan activa y participativa, expresando lo que pienso, les digo que yo no siempre fui así. Hace 15 o 20 años era muy tímida y me costaba hablar.
Recuerdo mucho la primera vez que salí de Montería y viajé a Medellín. También fue la primera vez que monté en avión. Pensé: “El mundo no es solamente lo que conozco en Montería, este pedacito de tierra caribeña que me habita. El mundo es mucho más”.
Ese viaje, que para otra persona podría parecer insignificante, me hizo entender algo: había logrado llegar hasta allí por atreverme a decir lo que pensaba, aunque me temblara todo por dentro.
Empecé a alzar mi voz y a participar en los temas importantes de mi ciudad porque sentía que, si no lo hacía yo, ¿quién más lo iba a hacer?
También entendí que muchas veces normalizamos ciertas formas de violencia, de vida o de relacionarnos. Cuando no las cuestionamos, pasan desapercibidas. Por eso decidí poner mi vida, lo que soy y mis capacidades al servicio de otras personas.
Cuando piensas en Montería y en el Caribe colombiano, ¿qué papel ves que están jugando las mujeres en el desarrollo de sus comunidades y territorios?
Luisa: Las mujeres estamos ocupando lugares significativos y relevantes en la construcción y transformación de nuestros territorios.
Y no solamente a nivel social. Hace poco participé en un espacio que buscaba visibilizar el papel de las mujeres en la política. Muchas veces, cuando hablamos de política, pensamos únicamente en política electoral, pero la política nos habita en todos los escenarios de la vida. Poder tomar decisiones sobre lo que queremos y no queremos hacer también es político.
A las mujeres normalmente se nos asocia con la sensibilidad, pero también tenemos fuerza, determinación y capacidad de organización, tanto en procesos sociales y comunitarios como en procesos políticos.
El año pasado, por ejemplo, participamos en los Consejos Municipales de Juventud con una lista integrada por mujeres jóvenes, incluyendo mujeres de zonas rurales cercanas a Montería.
Ellas no estaban necesariamente vinculadas a mi organización, pero confiaron en nosotros para llegar a esos espacios y para que las voces de las mujeres jóvenes y de la ruralidad también pudieran estar presentes en escenarios de participación municipal.
Para mí eso demuestra la importancia de tejer redes. No tenemos que hacer todos todo desde una misma organización. Lo importante es construir una agenda colectiva y llevar esas voces a los lugares donde se toman decisiones.
Muchas veces hablamos del desarrollo de los territorios desde las instituciones o desde las grandes decisiones. ¿Qué cambia cuando quienes conocen y viven las realidades del territorio tienen voz en esas conversaciones?
Luisa: Cambia la visión. Y cuando cambia la visión, podemos incluir nuevas perspectivas.
Cuando damos todo por sentado o creemos que existe una sola verdad, no solamente sesgamos el panorama, sino que también limitamos las intervenciones.
Yo vivo en Montería, que es una ciudad relativamente pequeña, pero hay muchas otras mujeres y personas en las zonas rurales que piensan y sienten cosas similares y que también se preguntan: “¿Será que continúo aquí? ¿Será que me voy a otro lado?”.
Cuando ponemos esas experiencias en la conversación, damos luz a cosas que habitualmente no se muestran.
Muchas veces, la información sobre grandes procesos e iniciativas sociales proviene de ciudades como Medellín o Bogotá. Pero en el Caribe, y por supuesto en Montería, también se están haciendo cosas muy valiosas.
Hay una frase que dice que “lo que no se comunica no se conoce”. Mostrar lo que ocurre en nuestros territorios permite que las mismas personas que viven aquí valoren los procesos que se están desarrollando y que, además, otras regiones conozcan esas experiencias e incluso puedan replicarlas.
En tu caso, la comunicación ha sido una parte fundamental de tu liderazgo. ¿Por qué tener una voz, y un espacio donde esa voz sea escuchada, puede ser una herramienta de transformación?
Luisa: Creo que la voz puede ser una herramienta de transformación porque es una de las maneras más puras y sinceras de transmitir lo que estamos viviendo.
Eso está muy relacionado con lo que te contaba sobre hablar aunque tuviera miedo. Yo veía muchas voces alzándose y muchas personas comunicando, pero también pensaba: “Yo estoy sintiendo y pensando algo a partir de mi propia experiencia que no estoy contando. Y si no lo cuento, no se va a visibilizar”.
Cuando empecé a hacerlo, aun con miedo, me di cuenta de que otras personas se identificaban con lo que yo estaba diciendo.
Ahí está, para mí, el verdadero valor de la comunicación. No se trata de contar tu historia porque sea la única válida o porque tu perspectiva sea la única legítima. Se trata de que, al tener la valentía de comunicar y participar, también puedes estar haciendo visibles las realidades de otras personas y otras mujeres que, por seguridad, falta de herramientas o falta de oportunidades, quizás no pueden hacerlo.
Cuando tienes ese espacio, tienes que aprovecharlo. Así como aprendimos en la Aceleradora de Liderazgo, tu voz auténtica puede hacer que otra persona escuche tu historia y piense: “Me identifico con esto” o “Yo también quiero hacer algo”.
¿Qué estabas viendo o escuchando en las juventudes que te hizo pensar: “Necesitamos nuestro propio espacio para desarrollar y fortalecer a estas personas”?
Luisa: Yo crecí durante muchos años en un movimiento social y, cuando salí de allí por razones personales, quedé un poco a la deriva. Estaba intentando encontrar nuevamente mi lugar.
Me preguntaba: “¿Me quedo en Montería? ¿Vale la pena seguir aquí? ¿Me voy a otro lugar?”. También existía mucha presión social. Me preguntaban por qué no me iba al extranjero o por qué seguía aquí.
Y yo misma empecé a cuestionarme: “Si no estoy ocupando un lugar de representación, ¿entonces no soy valiosa? Si en este momento no estoy dentro de una organización, ¿significa que no estoy ejerciendo liderazgo?”.
El proceso con Acumen me ayudó a responder muchas de esas preguntas y a atreverme a construir algo nuevo.
Pensé que, así como yo estaba intentando redescubrir mi propio proceso, probablemente había muchas otras personas en esa misma situación.
Entonces, con un grupo de amigos, empezamos a imaginar una organización donde pudiéramos construir colectivamente un espacio seguro, en el que las personas se sintieran parte importante y que podían hacer algo por su territorio, por su comunidad, por su barrio y por su entorno inmediato.
Así nació este proceso. Y algo fundamental ha sido contar con acompañamiento. Tener personas que te orienten, te digan qué puertas puedes tocar y te ayuden a entender cómo sostener una organización ha sido muy valioso.
La convicción detrás de todo esto es sencilla: si mi vida pudo ser transformada, la vida de otras personas también puede serlo.

A lo largo de tu trayectoria, ¿qué has aprendido sobre liderar siendo mujer en estos espacios comunitarios?
He aprendido que tengo que alzar mi voz aun con miedo. Cuando otro tipo de voces predominan, puede ser más difícil que la tuya sea escuchada.
He estado en escenarios donde doy mi punto de vista o hago una propuesta y simplemente no es tenida en cuenta. Por eso una de las cosas que he aprendido es persistir.
También entendí que hay una diferencia enorme entre alzar la voz y que esa voz realmente sea escuchada. Podemos estar en espacios que dicen valorar la participación de las mujeres y las mujeres jóvenes, pero la pregunta es: ¿eso que estamos diciendo realmente está siendo tenido en cuenta? ¿Está transformando algo?
Otra cosa que he aprendido es el valor de las redes entre mujeres.
Estoy rodeada de muchas mujeres y creo que necesitamos hacer un ejercicio intencionado de sororidad: sostenernos entre nosotras, decirnos “tú puedes sacar esto adelante y estamos aquí para apoyarte”.
No creo en esa idea de que “el enemigo de una mujer es otra mujer”. Por el contrario, he sido testigo de las redes que podemos tejer y del sostén que podemos construir para que otras mujeres lleguen a escenarios de representación y puedan impulsar las transformaciones que queremos ver en nuestros territorios.
Desde tu experiencia trabajando con mujeres y jóvenes, ¿qué barreras siguen haciendo más difícil que sus voces tengan peso en las decisiones que afectan sus comunidades?
Luisa: Hay una barrera que parece muy interna, pero que también puede estar construida socialmente: no sentirse capaz. No sentir que lo que puedes decir o hacer tiene valor.
Lo veo con mis compañeras. Les digo: “Quiero que tú asumas este rol, que hagas esto”, y muchas veces aparecen preguntas como: “¿Será que sí soy capaz? ¿Será que lo voy a hacer bien?”.
A partir de ahí empiezan a crecer miedos y pensamientos que pueden frenar todo ese potencial. Yo también lo he vivido. A veces una no se cree capaz y se limita, pero cuando finalmente lo hace, se da cuenta de que puede hacer eso y mucho más. Esas inseguridades no existen de forma aislada. También pueden ser reforzadas por las maneras en las que históricamente hemos habitado la sociedad.
Al mismo tiempo, he podido construir procesos maravillosos junto con hombres. No se trata de que las mujeres estén por encima de los hombres. Se trata de encontrar maneras de construir conjuntamente, llegar a consensos y lograr que nuestras ideas y nuestras voces sean realmente tenidas en cuenta.
Si pensamos en el futuro del Caribe colombiano, ¿qué podría cambiar si más mujeres y jóvenes tuvieran espacios reales para liderar, comunicar sus propias historias y participar en las decisiones de sus territorios?
Luisa: Creo que podría cambiar la forma en la que se llevan a cabo los procesos.
Uno de los mayores problemas que percibo, como alguien que vive en el territorio y que desarrolla procesos sociales, es la desconexión que muchas veces existe entre la realidad del territorio y lo técnico, o lo que se planea. Cuando construimos desde las necesidades del territorio y desde las voces de las mujeres, ahí radica la diferencia. Puede cambiar la manera en la que se interviene y permitirnos tener resultados con mayor impacto.
Creo que también tenemos que empezar a deconstruir muchos de los estigmas y juicios de valor que existen alrededor de las mujeres. Entender que podemos gerenciar, ocupar lugares de toma de decisiones y hacerlo bien.
Por eso para mí ha sido tan importante asumir un rol como presidenta de la Plataforma Municipal de Juventudes: quiero demostrarles a mis compañeras y a mis pares, desde el ejemplo y desde la experiencia, que sí es posible.
No hay otra forma de quitarse el miedo que haciéndolo, aunque tengas miedo, aunque te tiemble todo.
Más allá de demostrar mi propia valía, se trata de demostrarles a otras mujeres que también es posible hacerlo y hacerlo bien.
¿Qué significa para ti ser una mujer que lidera?
Luisa: Para mí, ser una mujer que lidera significa ayudar a otras personas a descubrir su propósito de vida. Significa inspirar y demostrar, desde tu propia experiencia, que sí es posible.
También he entendido que liderar implica saber en qué momento hablar, alzar la voz y comunicar, pero también en qué momento hacer silencio.
Y así como he aprendido eso, también he aprendido en qué momentos debo ocupar espacios importantes de toma de decisiones para demostrarles a otras y a otros que sí se puede, y en qué momentos debo dar un paso para motivar e inspirar a que sean otras personas quienes lo hagan.
Eso significa para mí liderar.